Para el fin de semana, entre sábado 1 y domingo 2 de diciembre, el movimiento huelguístico seguía en el mismo estado de orden y disciplina. El sábado en la mañana llegaron en vapor expreso fletado por la misma compañía multinacional 200 hombres del ejército, que militarmente ocuparon el palacio municipal en construcción 32 , sin que el gobierno de la localidad a cargo del Dr. Puentes hubiese dado el permiso para ocuparlo. Al respecto, el periódico local de Ciénaga Diario del Córdoba señalaba lo siguiente: No sabemos por orden de quién haya sido convertido el palacio municipal de Ciénaga en campamento o en casa de tropas; pero lo que sí nos consta es que el señor Personero municipal no fue consultado para esa ocupación indebida, que no habría permitido él de ninguna manera. Y no estando turbado el orden público, de acuerdo con los preceptos que deben acatarse para estas disposiciones, vemos que se está procediendo aquí “manu-militari”, sin consideraciones de ninguna especie, para alarmar de estos pueblos, y pánico de la sociedad y del comercio 33 . Fuera de lo anterior, un piquete del Ejército con una estación móvil a la altura de la Hacienda Papare hicieron estacionar de manera abrupta el tren local, que de costumbre salía todos los sábados en horas de la tarde desde Ciénaga para Santa Marta, obligándolo a devolverse a esta población y así hacer una requisa minuciosa y embarcar a sólo aquellas personas que no tenían nada que ver con las protestas o eran huelguistas. Después de estas ligerezas y las consecuentes demoras de viaje, sólo lograron salir en el tren para Santa Marta los pasajeros que no eran obreros 34 . Ante tal situación y demás noticias alarmantes de violaciones a los derechos humanos- de locomoción e igualdad-, un grueso número de trabajadores, por temor a ser atropellados o maltrechos por parte de la autoridades militares, abandonaron la región bananera para marcharse a sus casas en los departamentos vecinos de Bolívar o Atlántico; mientras que a los oriundos de la región les tocó conformarse con esperar para ver que sucedía con ellos, porque no tenían para dónde irse. Ante esto, vale aclarar que por esta estrategia de bloqueo fueron también paralizados todos los sistemas de comunicaciones, es el caso de los correos, teléfonos, telégrafos y los periódicos locales y nacionales, los cuales no lograron circular, así que la gente se mantuvo incomunicada por varios días. La vía que utilizaron las autoridades para enterarse de todos estos sucesos fue a través del telegrafista de Aracataca, quién le informaba al operador del municipio de Calamar (Bolívar) cómo estaban aconteciendo los hechos; éste a su vez le anunciaba a la gobernación de los departamentos del Atlántico y Bolívar, y de ahí, estos de forma inmediata le comunicaban al Gobierno Central en Bogotá y al mismo Gobernador del Magdalena, básicamente porque entre Aracataca y Santa Marta no había comunicación para esos días debido al bloqueo de 32 En 1918 los trabajadores que trabajaban en los ferrocarriles y en los puertos de Santa Marta, Barranquilla y Cartagena ya se habían asociado para hacer una gran huelga. Para un mejor entendimiento de estas asociaciones obreras ver a Valencia, Enrique, “El movimiento Obrero Colombiano”, en González Casanova, Pablo (Coordinador), Historia del Movimiento Obrero en América Latina, Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM y Siglo XXI Editores, México, 1984, pp. 9-151; así mismo a Arrubla, Mario, “Síntesis de Historia Política Contemporánea”, en Colombia Hoy, Siglo XXI editores, 5ª edición, Bogotá, 1980, pp. 186-221. 33 La Prensa, Nº 247, Barranquilla lunes 3 de diciembre de 1928, f. 5a. 34 Diario del Córdoba, Ciénaga, domingo 2 de diciembre de 1928, f. 1.