Otro agravante lo constituía el hecho que el transcurrir de la vida en los pueblos del Magdalena giraba alrededor de la economía bananera 20 . Aquí lo único importante era trabajar en las plantaciones. Esta coyuntura se convirtió en una generalidad o constante, hasta el punto que lo social se descuidó, es el caso de la educación, la cual era casi que inexistente, ya que había pocos colegios en el radio total de la Zona Bananera y sólo se construyeron después de 1930. Los cultivadores de banano para la década de 1920 poseían 35.000 hectáreas sembradas de la fruta, contribuyendo con el 57% de las exportaciones del Caribe colombiano 21 . Los pequeños cultivadores que tomaron parte de la huelga fueron en primera medida por el monopolio que ejerció la compañía en la comercialización del banano en los mercados internacionales 22 , esencialmente porque no les permitía vender la fruta a ellos de manera directa sin tener que acudir a su intermediación; y en segunda medida, porque dependían de la UFC para realizar operaciones de crédito, riego y mercadeo de su producto a nivel mundial, lo que le permitía a la multinacional manipular los precios del banano e imponerle a los productores condiciones para comprar y vender sus productos. Para el caso de los créditos, si uno de ellos lo quería hacer, debía firmar un contrato de producción exclusiva para la UFC por un término no inferior a cinco años, cuyas cláusulas eran diseñadas unilateralmente por la multinacional, todo con el fin de asegurar la exclusión de compañías competidoras locales y garantizar su posición como única comercializadora internacional, manipular la demanda global de la fruta y asegurar su posición frente a los cambios políticos, sociales y, por consiguiente, económicos que apareciesen en el entorno internacional. En todos los pueblos de la región bananera vivían comerciantes que comercializaban ron, alimentos, herramientas para el trabajo y ropa. Su prosperidad dependía de los que le vendían a los trabajadores de las bananeras. Pero como la compañía tenía sus propios comisariatos, y se convirtió en competencia directa de éstos, originó que los comerciantes locales tomaran partido en contra de la multinacional y participaran de la huelga, primordialmente porque los almacenes de la empresa transnacional vendían hasta un 20% más barato que los tenderos locales. La compañía como estrategia de venta conservaba los precios bajos para mantener a ese mismo nivel los salarios en periodos de inflación general. Por eso los comerciantes, se sublevaron. Además, la compañía ya no pagaba los salarios en moneda sino en forma de vales, para que sacaran todo lo requerían de sus comisariatos (ver figura 1). Figura 1 Bodega y Almacén de los Comisariatos de la United Fruit Company en Ciénaga 20 La Prensa, Nº 242, Barranquilla, Jueves 29 de Noviembre de 1928, f. 5ª. 21 Legrand, Catherine, “Living in Macondo: Economy and Culture in a United Fruit Company Banana Enclave in Colombia”, en Close Encounters Of Empires. Writing the Cultural History of U.S.-Latin American Relations, Duke University Press, Durham and London, 1998. 22 Payares González, Carlos, “Las Moscas del Banano. Memoria de una Epopeya”, en Memoria de una Epopeya, 80 años de la Huelga y Masacre de las bananeras del Magdalena, Alcaldía Municipal de Ciénaga, Santa Marta, 2008, pp. 447-113.