En protesta a la masacre de sus compañeros, los huelguistas comenzaron a incendiar y destruir varias oficinas de la United Fruit y el ferrocarril. Durante las protestas los manifestantes, para poder huir de las represiones de la fuerza pública y poder alimentarse, se llevaron de los comisariatos de la United distintas mercancías imprescindibles para sus propósitos, entre ellos víveres y abarrotes. Algunos otros edificios de comisariatos fueron incendiados con todo el mobiliario, enseres para la venta y demás elementos adentro, quedando sólo ruinas para recuerdo de estos hechos (ver figura 3). En alusión a estos hechos el editorial de El Tiempo decía: No se trata de arreglar de cualquier modo una situación difícil, sino de evitar para un futuro inmediato el retorno de más graves sucesos. Para ello, se necesita un gran colombiano sabio, prudente, estadista, y que no olvide las circunstancias que rodean el conflicto. Que no olvide como la United Fruit Company maneja la vida política y civil del Magdalena; que no crea indispensable enviar batallones para cazar como a bestias y no sea duro e implacable con ellos y melifluo y dócil con los agentes de la frutera 60 . Después del éxodo suscitado por los trabajadores huelguistas que lograron salvarse de esta masacre y que se marcharon hacia distintas partes del Caribe colombiano, una vez llegaban a otros destinos comenzó a conocerse otras versiones de los hechos acaecidos en Ciénaga y demás poblaciones de la región bananera, y por cierto muy distintas a los que se emitían en los comunicados oficiales; verbigracia de ello, las primeras personas que lograron llegar a Barranquilla informaron que no fueron 8 los muertos y 20 los heridos de los encuentros los encuentros que sostuvieron los huelguistas y las tropas del ejército, sino que en estos sucesos fueron 15 las personas masacradas y 37 los heridos; además, aclaraban que la matanza fue en plena plaza o estación del ferrocarril del municipio de Ciénaga en la madrugada del 6 de diciembre- mientras los trabajadores obreros de forma pacífica se concentraban allí-, y no en los campamentos de las fincas bananeras, como las autoridades querían hacer creer. Fuera de eso, los migrantes tenían conocimiento de otros tantos más masacrados y que aún no se conocía a ciencia cierta cuantas personas eran las que habían matado, pues estos hechos ocurrieron en las veredas y plantaciones bananeras donde el acceso a ellas era completamente restringido 61 . Figura 3 Cuarto de ingenieros y zona de máquinas destruidas por los manifestantes en Sevilla (Magdalena) 60 El Tiempo, “Editorial”, Bogotá diciembre 7 de 1928. 61 Ibíd.