Evaluación global del progreso de las metas ODS
Activa o señala los datos para explorar valores.
El informe de Naciones Unidas de 2025 combina avances verificables con una advertencia inequívoca: el ritmo actual no basta.
A diez años de la adopción de la Agenda 2030, hay mejoras concretas en salud, educación, protección social, conectividad, acceso a electricidad y participación política de las mujeres. Sin embargo, la evaluación de 139 metas con datos de tendencia concluye que solo el 35 % presenta un progreso adecuado —en trayectoria o moderado—, mientras que el 48 % avanza de forma insuficiente y el 18 % ha retrocedido respecto de 2015. La pobreza extrema, el hambre, la crisis climática, los conflictos y la desigualdad siguen afectando a millones de personas; además, la carga del servicio de la deuda limita la capacidad de inversión de países de ingresos bajos y medianos. El documento no presenta la Agenda 2030 como una aspiración abstracta, sino como un compromiso todavía alcanzable si se modifica la escala y velocidad de la respuesta. Propone concentrar esfuerzos en seis transiciones interdependientes: sistemas alimentarios, energía, conectividad digital, educación, empleo y protección social, y clima y biodiversidad. Para hacerlas posibles se requieren financiación suficiente, políticas integradas, participación plena de las mujeres, cooperación internacional y sistemas estadísticos capaces de revelar quiénes se están quedando atrás. La conclusión ejecutiva es clara: quedan cinco años para convertir avances parciales en transformaciones estructurales.
Activa o señala los datos para explorar valores.
Solo el 35 % de las metas evaluadas está en trayectoria o muestra progreso moderado. El 48 % presenta avances insuficientes y el 18 % retrocede respecto de la línea de referencia de 2015.
Más de la mitad de la población mundial cuenta con alguna forma de protección social, diez puntos porcentuales más que hace una década. También se registran mejoras en mortalidad materna e infantil, escolarización y representación parlamentaria de las mujeres.
Más de 800 millones de personas viven en pobreza extrema y más de 120 millones han sido desplazadas por la fuerza, más del doble que en 2015. El informe también señala que 2024 fue el año más cálido registrado y que se superó el umbral de 1,5 °C.
El servicio de la deuda de países de ingresos bajos y medianos alcanzó un récord de 1,4 billones de dólares. En paralelo, una brecha anual de financiación de 4 billones restringe los recursos para inversión y desarrollo sostenible.
La cobertura de datos de tendencia ha mejorado: casi el 70 % de los indicadores cuenta hoy con buena cobertura, frente a un tercio cuando comenzó el marco de seguimiento. Aun así, faltan datos especialmente en igualdad de género, ciudades, clima e instituciones.
Aunque el desempleo global alcanzó un mínimo del 5,0 % en 2024, el 57,8 % de la fuerza laboral seguía en empleo informal. Una de cada cinco personas jóvenes estaba fuera del empleo, la educación o la formación, con obstáculos especialmente marcados para las mujeres jóvenes.
El acceso a servicios, la educación, la salud, la conectividad y la protección social han mejorado en distintos ámbitos. Los resultados obtenidos muestran que las políticas basadas en evidencia, la inversión sostenida y la cooperación pueden producir cambios medibles.
Solo el 35 % de las metas evaluadas progresa adecuadamente; casi la mitad avanza de manera insuficiente y casi una de cada cinco está en regresión. El reto no es únicamente ampliar iniciativas, sino corregir su escala, coordinación y velocidad.
Los sistemas alimentarios, la energía, la conectividad digital, la educación, el empleo y la protección social, y el clima y la biodiversidad ofrecen puntos de intervención capaces de impulsar cambios en varias metas a la vez.
Conflictos, impactos climáticos, tensiones geopolíticas y shocks económicos agravan las necesidades. El endeudamiento y una brecha anual de financiación de 4 billones de dólares reducen el margen para responder, especialmente en los países más vulnerables.
La evaluación de 2025 sitúa al mundo en un punto de inflexión: existen logros sustanciales, pero la trayectoria conjunta no permite confiar en que las metas de 2030 se cumplirán sin una aceleración extraordinaria.
De las 169 metas de los ODS, el análisis pudo evaluar 139 mediante tendencias globales desde la línea de base de 2015 y evaluaciones de los organismos responsables. El 18 % está en trayectoria o ha alcanzado su meta y otro 17 % presenta progreso moderado: en conjunto, el 35 % muestra un avance adecuado. En contraste, el 31 % registra únicamente progresos marginales, el 17 % está estancado y el 18 % ha retrocedido por debajo de los niveles de 2015. Las proporciones pueden no sumar exactamente 100 % debido al redondeo.
El informe describe una emergencia de desarrollo marcada por presiones que se refuerzan entre sí. Conflictos, alteraciones climáticas, tensiones geopolíticas y shocks económicos obstaculizan la acción pública; la pobreza extrema afecta a más de 800 millones de personas; más de 120 millones han sido desplazadas por la fuerza; y los costes del servicio de la deuda de países de ingresos bajos y medianos alcanzaron 1,4 billones de dólares. Estos indicadores no son problemas aislados: cada uno reduce la capacidad de las sociedades para proteger a las personas y sostener inversiones de largo plazo.
La lectura de los promedios debe ser cuidadosa. Los datos globales pueden ocultar logros nacionales y locales, pero también desigualdades entre regiones, países y grupos de población. El informe insiste en medir el éxito por la transformación de la vida de quienes están más rezagados, no solo por el comportamiento de un promedio mundial. Además, las cifras dependen de los datos disponibles y de metodologías que pueden revisarse; por ello, las comparaciones con evaluaciones anteriores deben hacerse con cautela.
El mundo dispone de cinco años, pero la tendencia actual no alcanza: se necesita acelerar, revertir retrocesos y dirigir los recursos hacia quienes soportan las mayores brechas.
El balance humano del informe es dual: millones han accedido a más oportunidades y servicios, pero el hambre, la desigualdad de género y la exclusión laboral siguen limitando el potencial de grandes grupos de población.
Desde 2015 se han ampliado servicios y mecanismos de protección. Más de la mitad de la población mundial cuenta con alguna forma de protección social, diez puntos porcentuales más que una década antes. Han disminuido el matrimonio infantil y la mortalidad materna e infantil; más jóvenes completan la educación, especialmente niñas; y las mujeres ocupan el 27 % de los escaños parlamentarios del mundo, frente al 22 % anterior. Estos avances indican que las políticas sostenidas pueden cambiar condiciones de vida y ampliar la participación.
Persisten, no obstante, privaciones fundamentales. Una de cada doce personas sigue padeciendo hambre y miles de millones carecen de acceso a agua potable segura, saneamiento e higiene. Las mujeres dedican 2,5 veces más horas diarias que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado, lo que limita sus posibilidades de estudiar, tener empleo remunerado y participar en la vida pública. Las personas con discapacidad también continúan insuficientemente atendidas en distintos sectores.
El mercado laboral muestra por qué una tasa favorable de desempleo no basta para concluir que existe trabajo digno. En 2024 el desempleo global cayó al 5,0 %, pero el 57,8 % de la fuerza laboral permanecía en empleo informal, con escasa cobertura de seguridad social, protección jurídica o seguridad laboral. El desempleo juvenil fue del 12,9 %, aproximadamente tres veces la tasa adulta, y 259 millones de jóvenes de 15 a 24 años no estudiaban, trabajaban ni recibían formación. Las mujeres jóvenes enfrentan barreras especialmente severas.
La protección social, la igualdad de género y el trabajo digno deben abordarse conjuntamente: son condiciones para que los avances económicos se traduzcan en bienestar inclusivo.
La propuesta estratégica del informe es concentrar la acción en transformaciones que repercutan en varias metas a la vez, conectando políticas sectoriales con las necesidades de las personas y los límites del planeta.
Las seis transiciones identificadas son los sistemas alimentarios, la energía, la conectividad digital, la educación, el empleo y la protección social, y el clima y la biodiversidad. No son proyectos independientes: la energía limpia puede contribuir a la acción climática y ampliar servicios; la conectividad puede mejorar educación y oportunidades laborales, siempre que se cierre la brecha digital; y una protección social sólida puede ayudar a los hogares a resistir crisis y participar en cambios productivos.
La energía ilustra tanto el potencial como la distancia pendiente. La proporción de renovables en el consumo final mundial de energía pasó del 15,6 % en 2015 al 17,9 % en 2022; en la electricidad llegó al 30 % en 2022. Sin embargo, el acceso a tecnologías limpias para cocinar se proyecta en solo el 78 % de la población para 2030, lo que dejaría aproximadamente 1.800 millones de personas sin acceso. Además, la capacidad renovable instalada per cápita presenta profundas disparidades: los países desarrollados promedian 1.162 vatios por persona y los países en desarrollo, 341; África subsahariana registra 40.
El empleo y la producción muestran otro tipo de tensión. En 2025 se proyecta que el crecimiento del PIB real per cápita mundial se desacelere al 1,5 %, mientras que los países menos adelantados siguen por debajo de la meta de crecimiento anual del 7 %. En 2024 el valor añadido manufacturero per cápita había aumentado un 17,3 % respecto de 2015 y la cobertura 5G alcanzaba al 51 % de la población mundial, pero el crecimiento industrial y la innovación continúan siendo desiguales. A la vez, las emisiones de CO₂ de combustibles y procesos industriales llegaron a un récord de 37.600 millones de toneladas en 2024.
La aceleración más eficaz combina transformaciones conectadas: energía, tecnología, educación, empleo y resiliencia climática deben avanzar como partes de una misma estrategia.
El informe trata los datos y las estadísticas como infraestructura esencial para el desarrollo: sin información fiable y financiación previsible, los gobiernos no pueden identificar necesidades, asignar recursos ni evaluar resultados.
La cobertura estadística ha mejorado durante la última década. Cuando se estableció el marco de seguimiento en 2016, solo un tercio de los indicadores tenía buena cobertura de datos y el 39 % carecía de metodologías acordadas internacionalmente. En 2025, casi el 70 % cuenta con buena cobertura y los 234 indicadores tienen metodologías establecidas. Sin embargo, el progreso está distribuido de manera desigual: los datos de tendencia para igualdad de género, ciudades sostenibles, acción climática, y paz, justicia e instituciones permanecen por debajo del 30 %.
La financiación estadística también revela avances vulnerables. El apoyo financiero internacional a datos y estadísticas aumentó en términos reales de 586 millones de dólares en 2015 a 875 millones en 2022. Pero alrededor del 70 % de ese apoyo en 2022 procedió de solo nueve financiadores, con una participación destacada del Banco Mundial, Estados Unidos y el Banco Interamericano de Desarrollo. La dependencia de pocos aportantes, junto con la caída de la asistencia oficial para el desarrollo entre 2023 y 2025, amenaza la continuidad de los sistemas de datos.
La financiación para el desarrollo en sentido amplio está sometida a presiones todavía mayores. El informe señala una brecha anual de 4 billones de dólares y un coste récord del servicio de la deuda de 1,4 billones para países de ingresos bajos y medianos. La respuesta requiere movilizar recursos, fortalecer capacidades estadísticas nacionales y convertir acuerdos internacionales en estrategias integradas con instituciones, presupuestos y mecanismos de rendición de cuentas. El Marco de Acción de Medellín, adoptado en el Foro Mundial de Datos de 2024, ofrece una hoja de ruta para transformar los sistemas estadísticos.
Financiar la capacidad estadística y el desarrollo no es un coste accesorio: permite orientar mejor los recursos, detectar retrocesos y sostener la rendición de cuentas.
Los desafíos descritos son transfronterizos y conectados; por ello, el informe pide renovar el multilateralismo y tratar los compromisos ODS como obligaciones colectivas que deben producir resultados nacionales y locales.
Ningún país puede resolver por sí solo el cambio climático, la preparación ante pandemias o las desigualdades. La Agenda 2030 expresa la interdependencia de los destinos nacionales y la idea de que el desarrollo sostenible no es un juego de suma cero. El informe propone un multilateralismo urgente, basado en evidencia, equidad y responsabilidad mutua, que supere la negociación diplomática y llegue a políticas concretas y financiadas.
La movilización debe involucrar a gobiernos, organismos internacionales, sociedad civil, academia, comunidades y sector privado. El informe señala oportunidades multilaterales en 2025, entre ellas la Conferencia sobre Financiación para el Desarrollo, el Foro Político de Alto Nivel, la Segunda Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios y la Segunda Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social. Su valor dependerá de que generen voluntad política, financiación y mecanismos de aplicación.
Las prioridades transversales incluyen eliminar barreras a la participación plena de las mujeres en la economía y la vida pública, acabar con la violencia de género, garantizar igualdad de acceso a educación, empleo y liderazgo, combatir pobreza y desigualdad, cerrar la brecha digital y orientar la inteligencia artificial hacia usos inclusivos y responsables. La urgencia no sustituye la planificación: exige políticas robustas, inversiones masivas, datos utilizables y cooperación sostenida para que los resultados alcancen a quienes están más rezagados.
Los cinco años finales requieren cooperación con capacidad de ejecución: compromisos compartidos, financiación adecuada y seguimiento centrado en las personas más rezagadas.
Pon a prueba tu aprendizaje sobre este documento con preguntas interactivas y retroalimentación en tiempo real.
Objetivos de Desarrollo Sostenible: conjunto de objetivos y metas de la Agenda 2030 orientados a mejorar el bienestar, reducir desigualdades y proteger el planeta.
Compromiso internacional adoptado por los Estados Miembros de las Naciones Unidas para avanzar hacia el desarrollo sostenible y alcanzar los ODS en 2030.
Metas cuyo progreso ha retrocedido por debajo de sus niveles de referencia de 2015, según la evaluación del informe.
Políticas y mecanismos que ayudan a las personas y hogares a afrontar riesgos y necesidades sociales, por ejemplo, mediante prestaciones y cobertura frente a contingencias.
Empleo que no cuenta adecuadamente con cobertura de seguridad social, protección jurídica o medidas de seguridad laboral, según la descripción del informe.
Sigla inglesa para las personas jóvenes que no están empleadas ni participan en educación o formación; en español también se describe como jóvenes fuera del empleo, la educación o la formación.
Flujos oficiales de cooperación destinados a apoyar el desarrollo y el bienestar de países receptores, con criterios establecidos internacionalmente.
Diferencia entre los recursos disponibles y los necesarios para financiar las inversiones y acciones que exige el desarrollo sostenible; el informe cifra la brecha anual en 4 billones de dólares.
Medida estadística acordada para seguir una meta de los ODS y evaluar su progreso a escala mundial, regional o nacional.
Cambios sistémicos prioritarios en sistemas alimentarios, energía, conectividad digital, educación, empleo y protección social, y clima y biodiversidad, pensados para acelerar varias metas a la vez.
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No. El informe sostiene que los ODS siguen siendo alcanzables, pero advierte que el ritmo actual es insuficiente. Para cambiar la trayectoria se necesitan acciones decisivas, inversión, políticas robustas y cooperación durante los cinco años restantes.
La evaluación utiliza tendencias globales desde la línea de base de 2015 para las metas que pueden analizarse, complementadas con evaluaciones de organismos responsables. De las 169 metas, 139 pudieron evaluarse en el análisis citado. Los porcentajes pueden no sumar 100 % por redondeo.
Aunque casi el 70 % de los indicadores tiene buena cobertura de datos y los 234 cuentan con metodologías establecidas, la cobertura varía mucho entre objetivos. En igualdad de género, ciudades sostenibles, acción climática, y paz, justicia e instituciones, los datos de tendencia siguen por debajo del 30 %.
Acelerar las seis transiciones de los ODS; aumentar la financiación; fortalecer datos e instituciones; combatir pobreza y desigualdad; garantizar la participación plena de las mujeres; cerrar la brecha digital y promover un uso inclusivo y responsable de tecnologías como la inteligencia artificial.