140 Amalfi; pero ellos reclamaron exigiendo que se les permitiera como a los demás pueblos. La gobernación hizo entonces extensiva la prohibición a todo el departamento, de modo que tuvieron que conformarse con la ley de hacerlos de día. Todo contribuía a envenenarlos más. La lucha por hacer quedar mal a las niñas fue terrible; pero como estaban bien preparadas, no lo consiguie- ron. En el examen de música teórica, hicieron la cosa más risible, salió una niña a escribir en el tablero unos acordes, lo hizo muy bien y le dieron una mala calificación. Uno de ellos, el único amigo que tenía, reclamó de aquella calificación y la respuesta fue esta: ¿Qué gracia ha hecho esta niña para calificarla bien? Escribir unas bolitas en el tablero y no le quedaron bien redondas. ¡Dios mío! en música calificaron dibujo. Yo riéndome les dije: verda- deramente que no le quedaron las notas muy redondas. En cuanto a lo de música, eso pasó por alto: la calificación quedó mala y yo convencida de la pasión de los calificadores. Todas las calificaciones fueron malas y creyeron, que acompañándolas con un pésimo informe irían a darles el triunfo en la Gobernación; mas tampoco esta tentativa les salió, porque los superiores del ramo, no abrieron siquiera el informe y tiraron las calificaciones con el mayor desprecio. Aquí vea reverendo padre, el triunfo de la confianza en Dios, porque, como ya he dicho, era mi única arma defensiva. No hubo quien informara bien y Dios me dio el triunfo. Año 1895 Al año siguiente, es decir, en 1895, recibí una comunicación del Secre- tario de Instrucción Pública, en la que me decía que esa superioridad estaba plenamente satisfecha de mí, que estaban dispuestos a darme la escuela que pidiera; pero que deseaban que continuara allí, sostenida por la gober- nación, hasta que obtuviera el triunfo completo. La palabra triunfo me parecía lo más vacío del mundo; pero la actitud de mis discípulas y sus adelantos, me obligaron a contestar que los complacería. En este tiempo declararon turbado el orden público 27 y cerraron las es- cuelas del departamento. Mi hermano se había ido a trabajar a Remedios; 27 La guerra que en este tiempo se inició fue la guerra civil llamada de Enciso. Capítulo VIII. Año 1895